ACTORES DE JAZZ  

 

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Louis Armstrong

La relación de 'Satchmo' con el cine fue tan intensa que no habría necesitado haber grabado discos y dado

conciertos sensacionales para pasar a la historia; sólo con sus apariciones cinematográficas ya tenía el cielo ganado. Cierto es que el cine, a falta de televisión, le utilizaba como reclamo publicitario, pero si uno se pone a mirar las películas en las que participó puede encontrar auténticos clásicos de todos los tiempos. Se puede empezar citando la versión jazzy de Bola de fuego (Howard Hawks dirigiendo y Danny Kaye y Virginia Mayo de pareja protagonista), Young Man with a Horn (Michael Curtiz, el mejor de los directores de estudio, tras la cámara y Kirk Douglas en un papel de los de impresión), Aquí viene la novia (una estupenda peli de Frank Capra al servicio del ñoño de Bing Crosby), Música y lágrimas (la vida de Glenn Miller contada por Anthony Mann e interpretada por Jimmy Stewart), High Society (el paradigma de la comedia elegante), y así hasta llegar a Satchmo, the Great, una película en la que la publicidad decía que el músico "conquistaba el mundo". Más o menos era un musical que documentaba su agitada vida a la manera de lo que posteriormente harían The Beatles.Se repitieron los papeles en los que hacía de sí mismo una y otra vez, y rara vez los guionistas se ocupaban de darle un nombre que no fuera el suyo. En 1969, de la mano de Gene Kelly y con la nariz de Barbra Streissand de por medio, haría su última película relevante, Hello, Dolly, un musical en el que cantaba incluso el tema principal y participaba en algunas de las situaciones más divertidas.

La verdad es que la carrera cinematográfica de la voz femenina del jazz por excelencia no es tampoco para lanzar cohetes, porque apenas un par de películas y haciendo de la "herself" de turno que tanto abundaba en el cine de los años 40 y 50.

 

Billie Holiday


Lo más destacable, una película llamada New Orleans que rodó en 1947 junto a Louis Armstrong, en la que hacía el papel de una dama que cuando quiere decir algo importante y sensible lo hace cantando jazz de Nueva Orleáns del bueno. Lo que sí que resulta más estimulante es la película basada en su autobiografía, Lady Sings the Blues, que rodó en 1972 Sydney J. Furie, un director de los 70 la mar de bueno que estuvo a un tris de dirigir El Padrino. Su papel lo hace la mismísima Diana Ross y por ahí se comenta que el óscar a la mejor actriz debía haber ido a parar a ella en lugar de a la Liza Minelli de                                                   Cabaret.

El compositor de 'Rhapsody in Blue' era un tímido impenitente, incluso se rumoreaba que una de las razones que tenía para imponer a su hermano Ira como letrista en sus contratos era que se sentía incapaz de trabajar con gente a la que no conociera. Si a eso se le suma que el pobre George murió antes de alcanzar su merecida gloria, parece que poco pinta el compositor en este recorrido. Pero sucede que hubo un tipo llamado Oscar Levant, actor y pianista prodigioso para más señas, que después de hacer de alter ego en la ficción de Gershwin en un buen puñado de ocasiones, acabó completamente desquiciado con un síndrome "Lugosi" de caballo.

George Gershwin


Es decir, que a fuerza de haber hecho de él en películas como Un americano en París, se creía que era el propio George Gershwin y se presentaba en los sitios como él.

 

Como un gran número de músicos de jazz de su tiempo, Thelonius Monk se benefició de vivir en una época en la que la música que tocaba estaba entre lo legendario y la referencia cultural de postín. Así hay por lo menos media docena de testimonios documentales más que interesantes en los que han quedado inmortalizadas tanto sus palabras como, sobre todo, su música.

Thelonius Monk


Un par de buenos ejemplos serían Jazz on a Summer´s Day o el documental póstumo Thelonious Monk: Straight, No Chaser. Aparte de eso, Monk participó en un par de películas componiendo sus bandas sonoras. ¡Y qué películas, señores! La versión de Roger Vadim -director que creó y perfiló iconos eróticos tan poderosos como Brigitte Bardot y Jane Fonda- de Las amistades peligrosas, por un lado; y por el otro una de las mejores adaptaciones teatrales que se rodaron en Estados Unidos en la década de los 70: The Homecoming, basado en la obra del dramaturgo inglés Harold Pinter.

 

Cuando murió Joplin, el cine llevaba poco más de 20 años funcionando y la música que acompañaba a las películas no salía de altavoces, sino de un piano colocado a en una esquina de la sala oscura. Había películas, sobre todo las comedias, que se apoyaban en la música del pianista para darle celeridad y ritmo a los gags que se veían en la sábana, y el que tocaba tenía que estar dispuesto a recrear sobre el teclado melodías veloces que invitaban al desconcierto acompasado.

Scott Joplin


El juego de notas que van hacia delante y hacia atrás de la música de Joplin podría perfectamente haber servido para que Charlot resbalase o el Gordo y el Flaco se estamparan tartas el uno al otro.Pero no pudo ser. Tuvieron que pasar años, lustros y décadas, para que Robert Redford y Paul Newman hicieran sus trampas y planearan sus golpes al ritmo de la pianola de Scott Joplin. Con el rescate del olvido del músico, su 'biopic' no se hizo esperar y Billy Dee Williams -actor que interpretó al inolvidable Lando Calrissian de la saga galáctica de George Lucas- prestó rostro y cuerpo para su reencarnación. Entre las caras jazzísticas de la película se encontraba también un viejo conocido: el virtuoso Taj Mahal.

Es muy difícil ser figura señera de una corriente tan fabulosa como el Be-Bop norteamericano de los años 50, pero debe resultar muchísimo más complicado conseguir superar esa etapa y convertirse en uno de los mayores representantes del nuevo jazz latino que surgió del Caribe.
Dizzie Gillespie
 

Su currículo cinematográfico está lleno de apariciones estelares en la línea "himself", aunque por lo trascendental de su papel y por la personalísima mirada que arrojaba sobre el mundo del jazz cabe destacar su participación en la película El invierno en Lisboa.Basada en una historia del escritor español Antonio Muñoz Molina, la película no trascendió demasiado a pesar de contar con la interpretación de Gillespie y con una banda sonora expresamente grabada para la ocasión.No fue la única vez que compuso para cine, puesto que además de para la película citada, escribió la partitura de una de las películas de Marcel Carné, Les tricheurs, e incluso se utilizó estando él ya muerto algunas de sus composiciones en una película francesa del 1999, Les Frères Souer.

 

Getz es de los que no dejan de desconcertar por mucho que se llegue a saber de ellos.Su filmografía no es una excepción; pasa de un producto tan extrañísimo como El exterminador, una película de venganzas, acción y violencia en la línea de los primeros Stallones de Cobra, a uno de esos codiciados productos televisivos que realizó Don Siegel, con el añadido de aparecer en compañía de su cómplice Astrud Gilberto, con quien grabó uno de esos discos a los que las diez letras de la palabra fundamental se le quedan cortas.

Stan Getz


En otro orden de cosas, Stan Getz también participó en la composición de bandas sonoras para películas. Aparte de que también participó en la partitura de Les Tricheurs, se puede adivinar que había algo de amistad de por medio cuando se animó a escribir la música de otro producto televisivo realizado en esta ocasión por Joel Oliansky, que había escrito dos años antes el guión de la mítica película de Clint Eastwood Bird. Poco antes de morir, en 1991, desaprovechó su talento musical tocando su saxofón al servicio de una película infumable como era Ella siempre dice sí, que protagonizaron la pareja Kim Bassinger y Alec Baldwin.

 

Había un instante sensacional en la película de Martín Scorsese Taxi Driver en el que un artista callejero anunciaba a los transeúntes que a continuación iba a efectuar el redoble "Gene Krupa".

Gene Krupa


                                  
 Pues bien, el bueno de Krupa reprodujo ese celebre aporreo en un buen número de películas. Comenzó participando en undo de esos famosos desfiles de figuras famosas que coreografiaba el espectacular estratega Busby Berkeley; El hotel de Hollywood se llamaba esta revista de variedades. Entre las películas más conocidas que rodó durante su carrera destacan títulos como Con faldas y a lo loco, Bola de fuego, Música y lágrimas, e incluso la película que reproducía su vida, The Gene Krupa Story.

 

Para empezar se estrenó en 1942 en el cine con un vehículo humorístico al servicio del dúo cómico Abbot y Costello ambientado en el Oeste de los rodeos y los vaqueros. Tendrían que pasar 13 años para que la Fitzgerald volviera a ponerse delante de una cámara de cine, y lo hizo para participar en Pete Kelly´s Blues, la historia de un chico que volvía de la guerra y se metía de lleno en el mundo del jazz con su banda.

Ella Fitzgerald


En 1958, con un reparto prácticamente negro, Ella actuó en St. Louis Blues, una película en la que asistía desde su papel secundario a los problemas musicales y vitales con los que se tiene que enfrentar un jovencísimo Nat King Cole. Y ya embalada, con un par de películas más que apreciables, se atrevió a rodar una secuela de la película de Nicholas Ray Llamad a cualquier puerta, titulada Let No Man Write My Epitaph, una de esas joyas del cine independiente de denuncia de finales de los años 50 y principios de los 60. Tras su papel de Flora en esta película no volvió a rodar nada más y decidió concentrarse en los años que le quedaban de carrera musical, apareciendo en numerosas ocasiones como invitada de televisión, hasta que falleció tristemente en 1996.