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por Manuel I. Ferrand

 

 

 

A Gerardo Núñez no le cogió por sorpresa la propuesta. Ya contaba con los antecedentes de sus colaboraciones con John Patitucci y Danilo Pérez, además de una gira por Italia y Alemania con el trompetista Enrico Rava, en un insólito cuarteto compartido con Eberhard Weber, contrabajo, y Richard Galliano, acordeón. De modo que un encuentro con Perico Sambeat, George Colligan, Javier Colina y Marc Miralta con los que ya había coincidido durante el II Seminario de Jazz y Flamenco del Teatro Central de Sevilla, era como para sentirse en casa. La cantaora Esperanza Fernández era desde el principio una clave definitoria del nuevo proyecto: apenas habían colaborado juntos, pero ¿qué secretos podía haber entre una voz enraizada en la tradición jonda de los cantes de Triana y un guitarrista que, antes de hacerse solista de concierto, había recorrido el camino decisivo como acompañante de cantaores del Jerez más verdadero, como Tío Gregorio el Borrico, Agujetas, la Paquera y Terremoto? Se determinó, para enriquecer rítmicamente el cuadro, completarlo con un percusionista equidistante entre los dos terrenos. Gerardo Núñez propuso a Arto Tuncboyaciyan, al que durante una gira de un par de años atrás había iniciado en los secretos del compás flamenco. «Ese tipo es un genio», saltó de inmediato Marc Miralta, al que como baterista le tocaba bien de cerca la elección. «Si es verdad que puede venir, yo, encantado». Todos de acuerdo. Las piezas estaban sobre la mesa. Sólo faltaba montar el rompecabezas y ponerle un nombre.

«Cruce de caminos» parecía un título suficientemente meridiano como para que cada cual se sintiera identificado en su mero enunciado. Entre los seis músicos se habían producido intersecciones en una u otra circunstancia, y todos en conjunto se disponían ahora a encontrar un punto de contigüidad entre el flamenco y el jazz. Desde luego, el historial de los protagonistas no hacía sino presagiar el mejor maridaje. Ya se habló de los encuentros previos entre Gerardo Núñez y Arto Tuncboyaciyan, que ha sido a su vez colaborador de Joe Zawinul, Chet Baker, Arthur Blythe o Marc Johnson. Sambeat, Colligan, Colina y Miralta llevan tiempo experimentando, juntos y por separado, con ritmos flamencos, y significativamente uno de los nombres que adquiere este cuarteto de jazzmen -justo cuando le toca liderarlo a Marc Miralta- es el de New York Flamenco Reunión. Como ellos cuatro, y como Gerardo, Esperanza Fernández había participado en experimentos anteriores del ciclo «El Jazz viene del Sur» del Teatro Central de Sevilla, y sus colaboraciones con el compositor de música contemporánea Mauricio Sotelo, con el batería de jazz Guillermo McGill o con los directores sinfónicos Rafael Frübeck de Burgos y Edmon Colomer nos dan una idea de su actitud de alerta permanente.

A la telaraña de encuentros previos y de afectos comunes entre el jazz y el flamenco, se decidió responder con una trama de composiciones propias, preparadas para la ocasión. Perico Sambeat eludió la mera aproximación rítmica al flamenco y decidió enfrascarse de lleno en sus estructuras melódicas y armónicas; dos poemas de José Bergamín («es el más flamenco de los poetas del 27, que parece que escribe para que le pongan música» ) se adaptan con una rara mezcla de rigor y de fantasía a los palos del taranto («Alto y solitario nido») y del tanguillo (El misterio está en el aire) El pianista George Colligan sorprendió a todos en el primer ensayo, recién llegado de Nueva York, con su libérrimo acercamiento a las «alegrías» a través del Pablo Neruda más tétrico yonírico. El encuentro inicial de Esperanza Fernández con aquel «No hay olvido» produjo, de primeras, escepticismo, más tarde curiosidad, y finalmente admiración, por sus armonías fluctuantes y por el arduo melodismo que se esconde bajo una apariencia prosaicamente sombría. Marc Miralta aportó un arreglo de In waiked Bud" que ya había ensayado con su cuarteto New York Flamenco Reunión, tan afecto al cancionero de Thelonious Monk, y Arto Tuncboyaciyan dejó traslucir, en los ritmos cruzados de sus dedos y en los melismas de su canto, las tradiciones musicales de su Armenia natal. Para que nadie echara en falta el flamenco por derecho. Esperanza Fernández se internó en las honduras de la siguiriya gitana, eso sí, con pertinentes subrayados del contrabajo de Javier Colina a las falsetas de la guitarra. La propuesta de Gerardo Núñez como compositor fue diversa, y como de costumbre venía a revelar una musicalidad que trasciende con mucho la profunda adscripción al mundo del flamenco del guitarrista jerezano.

Los dos conciertos de estreno de «Cruce de caminos», aquí reflejados, tuvieron lugar en el Teatro Central de Sevilla los días 25 y 26 de septiembre de 2000, dentro del programa «Flamenco viene del Sur», como una de las aportaciones de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a la XI Bienal de Flamenco. Queda constancia, con esta edición discográfica, de la apasionada aventura de media docena de músicos de muy diversa procedencia -Gerardo Núñez, Perico Sambeat, Esperanza Fernández, George Colligan, Javier Colina, Marc Miralta y Arto Tuncboyaciyan- que vinieron a encontrar en este «cruce de caminos» una gozosa geografía común, a medio camino entre la improvisación de jazz y la tradición más viva del flamenco.