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Alguien
sentenció que la imaginación es más importante que el conocimiento,
anteponiendo el ámbito representativo al estrictamente cognitivo. Más
allá del establecimiento de prioridades en una u otra dirección, del
mayor o menor grado de implicación de cada uno de ellos, sentido común y
experiencia señalan a una complementariedad entre ambos elementos como
eje vital de cualquier proceso creativo que se precie.
Las
nueve composiciones que dan cuerpo a este Mosaico, primer álbum a su
nombre del saxofonista gaditano Pedro Cortejosa, parten del amistoso
encuentro entre imaginación y conocimiento para conformar una obra
sólida y densa . Los mismos principios que Pedro ha ido personalizando y
proyectando durante una dilatada trayectoria como músico de jazz, hasta
situar su nombre en un destacado número de empresas de interés surgidas
en el seno de la escena gaditana en particular y andaluza en general.
Todas ellas constatadas en un currículo que no para de crecer. Y este
paso de gigante es prueba fehaciente de ello.
Mosaico
se construye a partir de un guión donde ocho temas son composiciones del
mismo Pedro y sólo uno recure al vasto mundo del estándar mediante una
recreación preñada de sugerencias del algo más que clásico `Body &
Soul´. Una proporción no muy común en un debú, que pone sobre el
tapete, antes incluso de enfrentarse cara a cara con su música, una
decidida apuesta por la búsqueda de una identidad. Este objetivo
encuentra alma y fundamento en la sonoridad rica y tersa de sus saxos,
quizá menos aguerrida que la de su directo aunque ágil por igual en los
cortantes tiempos de `Noviembre´ que en las distendidas atmósferas que
incorpora un tema de tan cercano título como `Levante en calma´. Su
concepto se estructura, ordenado e inspirado a partir de una depurada
síntesis de formas del blues y el jazz moderno y contemporáneo, donde no
faltan guiños a los maestros Monk y Coltrane. Cánones y nociones
convertidos en mapa de operaciones sobre el que estructuras, bases,
armonías y melodías diseñan ritmos y discursos con esencia; rutas
plagadas de recovecos donde corazón y cabeza caminan de la mano.
Pedro
Cortejosa ha requerido rodearse de un cuarteto con el que comparte
intereses musicales pero también parcelas de amistades. Una filosofía
personal que transciende el puro y duro contexto profesional para
incentivar la traspiración de positivas vibraciones durante la hora larga
de valiosa música aquí recogida. Miguel Angel López, José López y
Juan Sainz, así como las oxigenantes intervenciones de la guitarra de
Luis Balaguer, respaldan al líder con la solvencia que requieren las
circunstancias. A saber aportando una notable composición grupal cuando
de hacer prevalecer el conjunto se trata, y asumiendo brillantes dosis de
protagonismo solista en sus respectivas lecturas individuales.
Las
conclusiones evidencian, de una vez por todas, el cúmulo de cualidades
contenidas en el fondo y las formas de un músico cuya óptica toma
posiciones muy próximas a la comunión y proporción idóneas entre
imaginación y conocimiento. Un saxofonista cuya proyección y madurez
invitan, además de a disfrutar con este lustroso y emocionante presente
bautizado como Mosaico, a continuar oteando el futuro. Ahora, con más que
sobrado optimismo. Catalán |