ENTREVISTAS                                          

regresar

 

 

 

GABRIELA ANDERS

 

 

 

”He tardado mucho en grabarlo, aunque entre medias he hecho un trabajo promocional para el mercado norteamericano”, comenta esta argentina que visita una vez más España después de haber actuado en un buen número de ciudades durante el último verano. En esta ocasión lo hace para apoyar la promoción de “Gabriela”, su segundo álbum, el cual, en principio, permite albergar buenas esperanzas a su compañía discográfica. Sin ser una fuera de serie, Gabriela Anders contentó con su primera oferta a un público considerable, audiencia que se espera aumentar con las canciones insertadas en el nuevo CD. En él, curiosamente, no se ofrece una continuación de “Waiting” (99), sino un considerable cambio de rumbo que permite ver una nueva faceta de una vocalista tan abierta como técnica. “La fuerza de este disco depende mucho de cómo fue mezclado. Si hubieras escuchado las canciones de ‘Waiting’ antes de la mezcla verías que no son tan diferentes de lo que planteo ahora. Lo que ocurre es que en éste se ha mezclado más agresivamente. Creo que, de este modo, se refleja más la realidad de cómo soy”, señala.
El material de “Gabriela” permite ubicar a la vocalista en terrenos plenamente norteamericanos, territorios negroides que coquetean ampliamente con el soul más suave y con los sonidos que los estadounidenses suelen señalar como r&b. Ultimamente los iconos del género han transformado el panorama al otro lado del Atlántico: una música que surgía de lo más hondo del ser se ha convertido, con el tiempo, en una oferta suave y glamourosa en la que Gabriela parece tener, a priori, poco acomodo. “Ya no es así “—contesta—”. Artistas como Whitney Houston o Tony Braxton ya no son consideradas en Estados Unidos como vocalistas de r&b. Son pop, precisamente por toda la parafernalia que rodea a su música y por cómo se reciben sus lanzamientos. Creo que, en el verdadero terreno del r&b, donde están, por ejemplo, Lauryn Hill o Jill Scott, puedo tener un hueco sin necesidad de tener que vestirme de lentejuelas y cosas de ésas”.
Los orígenes musicales de Gabriela hay que buscarlos, con todo, en el jazz. Hija del saxofonista Jorge Anders, tuvo la posibilidad de familiarizarse con algunos de los mejores artistas de jazz que cubrían las calles neoyorquinas cuando aún no había alcanzado la pubertad. A los catorce años ya actuaba en público y su familia no le puso ningún problema para que recibiera cualquier tipo de estudios musicales. Eso sí: ella tenía que pagárselos con el dinero que conseguía ejerciendo de vocalista de sesión: “Mi padre me introdujo en el jazz, en lo brasileño, lo cubano… Eso me facilitó un conocimiento que no podría haber adquirido por mí misma. Cuando era cría no tenía muchas compañeras de estudios que conocieran, por ejemplo, a Count Basie y eso hizo que tuviera una niñez un poco extraña y curiosa. Más tarde, el tiempo que estuve cantando en los estudios me permitió irme preparando para lo que soy ahora”. Su “descubrimiento” llegó cuando tuvo que interpretar un dúo con Michael Franks en un álbum de Artie Traum: fue terminar la sesión y ver cómo sus compañeros la solicitaban material suyo para apadrinarla ante la Warner.
Fue así como surgió “Waiting”, la primera experiencia discográfica de Gabriela si exceptuamos un álbum de corto recorrido que solamente apareció en Japón. “Waiting” resultó un disco bien aceptado, aunque no ofrecía nada que se saliera de la norma. Probablemente, una ayuda considerable para que sus canciones se hicieran tan populares fue la constante actividad de directo que Gabriela y su banda desarrollaron por medio mundo, mucha de ella centrada, curiosamente, en festivales de jazz. “Particularmente, no veo interesante el abordar jazz clásico. Puede que los puristas que me vean en festivales no aprecien mi música por eso, pero no tengo interés en cantar standards para demostrar mi capacidad. Si me escucharan cantar realmente jazz sé que les convencería, pero no quiero hacerlo. Me gusta más lo que canto yo y no tengo ningún deseo de ser Sarah Vaughan o alguien así”. Queda claro, por tanto, que la oferta musical de la argentina se acerca mucho más a los estilos mainstream antes que a aquéllos que escuchaba en su niñez: “Mi show tiene mucho de improvisación y espontaneidad, y eso es jazz aunque yo no me ponga a hacer scatt o a cantar dubidubidubi…Quizás parezca irrespetuoso, pero quiero mezclar”.
El caso es que, con sus canciones y sus shows, ha conseguido una situación de respeto en base a muy buenos resultados comerciales. Quizás Gabriela no ha demostrado aún todas sus posibilidades o, igual, es que sabe aprovecharlas al máximo. Sea como sea, en “Gabriela”, su nuevo trabajo, tampoco hay nada de jazz. Su contenido abunda en un eclecticismo medido y en un sonido de terciopelo que supone un giro considerable en su estilo y que se ofrece arropado por músicos de la talla de Kirk Whalum, Christian McBride, Ricky Peterson o Michael Campbell. “Fue una comunión de ideas. Yo sugerí a algunos músicos y la compañía me proporcionó otros. Los que yo elegí fueron, sobre todo, los latinos”.
Cuando el término sale a la palestra uno no puede dejar de pensar que, en el fondo, Gabriela es argentina aun cuando, musicalmente, apenas se la note. “Aunque mis primeros años los pasé en Argentina ya escuchaba música norteamericana. Obviamente, no puedo escaparme de lo que soy, pero tampoco quiero seguir una fórmula en base a lo que en Estados Unidos se entienda que tiene que hacer o dejar de hacer un artista latino”. En “Gabriela”, sin embargo, ha introducido letras en castellano, algo que no sucedió en su debut y que choca por cuanto la vocalista se muestra, en la conversación, dudosa con su control del idioma. “Cada lengua tiene un sentimiento diferente y es algo que me gusta. El portugués, por ejemplo, tiene expresiones que no existen en el español o en el inglés: es el reflejo de una cultura propia y conocer la lengua supone aprender también a conocer a su gente. Escribir en español es un viaje que disfruto y que no es como escribir en inglés. Cada lenguaje te sugiere cosas diferentes”.
Tal y como hiciera tras el lanzamiento de “Waiting”, Gabriela anda de nuevo liada de escenario en escenario. A principios de diciembre se la pudo ver con su grupo en Madrid y en poco tiempo la tendremos otra vez cruzando el mundo de punta a punta. “Me encanta cantar acá. La gente es supercálida y, en el fondo, soy argentina y tenemos un talante similar. Un país que me enamora es Japón. La primera vez que fui allí estuve diez días y casi no dormí. Estaba nerviosísima toda la noche esperando que se hiciera de día y poder salir de nuevo a la calle. Quería verlo todo, todo me llamaba la atención. Mis compañeros en el grupo pensaban que estaba tomando drogas porque se me demacró la cara y no conseguía dormir, pero era sólo eso, la impaciencia por volver a salir y ver más cosas. Aquello es galáctico, futurista”.

Esteban Pérez.
Todas las Novedades