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MARTA
VALDES
JAZZ
CON BOLEROS

Marta
Valdés es una de las joyas que atesora desde siempre la canción cubana.
Autora antes que intérprete sus canciones han sido interpretadas por
numerosos artistas de talla mundial. Como ocurre con tantos autores que
han trabajado en la sombra es probable que su nombre no sea tan familiar
como los intérpretes que han tenido, y que no se la relacione con parte
de sus creaciones, sino que lleven en nuestra memoria musical los nombres
de Pablo Milanés, Bola de nieve o Elena Burke, por ejemplo. Chano
Domínguez se enamoró de ellas nada más conocerla, sensible, erudita y
cuidadosa. Y sin más armas que la fuerza del afecto la convenció para
grabar "Tu no sospechas" el disco que hoy tocan y que contiene
toda la magia de una grandísima compositora en clave de jazz.
-
¿Qué le parece la extraordinaria demanda de música cubana que ha habido
estos años en todo el mundo?
-Creo
que más que demanda ha sido una oferta, pues la música es un tesoro de
Cuba siempre dispuesto a repartir emociones y alegrías. Se trata, sólo,
de ponerlo a disposición de la gente y no siempre en el
mundo los encargados de hacerlo han dirigido su atención hacia nosotros
o, al menos, su gestión no ha sido ésa.
- ¿Por qué se
considera más autora que cantante?
- Siempre compuse para que otros cantaran pero la vida me ha puesto en el
camino de la interpretación y no me queda otro remedio que tratar de
hallar en la mía ese canto que toda voz es capaz de generar. Estoy
intentando ser la cantante que puedo ser con la voz que tengo, con mi
concepto de la música y a partir de las referencias que prefiero mantener
como música de cabecera. Estudio a los cantantes que son como me
gustaría llegar a ser, que han logrado hacer con sus voces, en función
de la música, lo que me tiene que tocar hacer con la mía. Es que no
tengo otra opción.
- ¿Podría especificar
lo que es el "filin" cubano?
–Es un camino de la música cubana muy enraizado en las esencias del
jazz. Exige creatividad, originalidad, emotividad extrema en el creador y
el intérprete y demanda atención y complicidad absolutas
de parte de quien escucha. Ha abarcado numerosas modalidades de nuestra
música, más allá del bolero y la canción.
- Leo a Silvio
Rodríguez (en el libro de Felix Contreras) que usted fue una de sus
mayores influencias, y que sobrepasó los límites del bolero-filin ¿por
qué?
-
En eso sería Silvio quien tendría que abundar. Lo que sí sé es que
para mí su llegada a la música fue una fiesta, porque él y quienes
coincidieron con él en esa manifestación que dieron en llamar
"nueva trova", añadieron un matiz a lo que ya existía.
- La música que
identifica actualmente a Cuba fuera de la isla es el Son tradicional por
un lado y por otro la timba y el rap ¿Queda hueco actualmente más allá
del Gato Tuerto para el bolero?
-No comprendo el sentido de esta pregunta que, más bien, me parece una
afirmación. Lo que sí quisiera que entendieras es que todos los géneros
y modalidades de la música cubana están vivos. Cada nuevo cultivador
elige por dónde va a trazar su rumbo. Sucede como en los
"palos" del flamenco de ustedes: fueron llegando para quedarse.
Otra cosa es la percepción que pueda tener el consumidor que se asoma a
un mercado o el visitante extranjero que entra y sale en los bares.
Invariablemente, la música está en los músicos, la mejor música no
está en los escaparates de las tiendas. Hay que ir a ella y no al
mercader que la explota. Afortunadamente, tenemos hueco en nuestra vida
musical para todo lo que quieras escuchar y no pocos en España saben que
es cierto.
- Por cierto ¿Podría
intentar una definición del bolero?
- Para mí, el bolero es un camino de la canción amorosa, siempre
rítmico aunque con matices en este aspecto de su música, siempre
manteniendo una estrecha correlación entre letra y música. Su estructura
en dos o tres partes, a veces con una introducción "a gusto",
le confiere una solidez que ha permitido la aparición de variantes en la
manera de manejar el argumento, en las armonías que se decide uno a
emplear y en el aire,
que a veces llega a ser muy lento. La elaboración melódica en busca de
una originalidad, ha caracterizado al bolero en su larga historia. No
tiene
estribillo. Creo que continúa abierto a nuevos intentos en la difícil
ruta de la creación.
- A usted le han
cantado gente de varias generaciones, desde Pablo Milanés a Elena Burke o
Bola de Nieve ¿Con qué adaptaciones se queda con las de los años
cincuenta sesenta o con las posteriores?
- La vida me ha demostrado que no siempre lo próximo supera a lo
anterior. He sido afortunada con los intérpretes que han grabado
canciones mías. Tengo versiones insuperables de una misma canción,
logradas por un mismo intérprete con más de 20 años de diferencia. Lo
que me ofrece Bola cuando canta esa misma canción no es igual a lo que me
ofrece la Burke en ese mismo tema en las dos versiones citadas. Hay
que escucharlas y degustarlas todas de una en una, lo cual demuestra que
la obra puede dar pie a muchas lecturas. Intentar estas comparaciones
atenta contra la naturaleza misma del arte interpretativo. Por otra
parte, es incorrecto llamar "adaptaciones" a esas
interpretaciones donde se respetan los elementos que yo he impartido a la
obra. Sería desconocer la magia del género y la virtud del buen
intérprete.
- ¿Cómo se gestó el
disco con Chano?
- Chano recibió de Martirio una cinta con canciones mías que yo
interpretaba a voz y guitarra y sintió deseso de hacer un disco con mi
música porque encontró en ese material algo que le daba la pauta para
poder desarrollar un trabajo jazzístico, sólo que -como dice él-
"en clave de español". Quiso que fuera yo quien las cantara
porque las llevo en la memoria y no es lo mismo aprendérselas para la
grabación que aportar un
elemento básico ya asimilado. Yo quise que estuvieran también obras de
cuatro grandes autores cubanos, porque mi música forma parte de un
contexto, no surgió de la nada. El disco se ensayó en El Puerto de Santa
María aprovechando mi presencia en España en dos momentos distintos.
Grabamos en el estudio Kyrios en Madrid en abril del 99. Allí viví una
de las experiencias más intensas de mi ya larga vida, ahora en busca de
un nuevo canal expresivo, arropada por el piano de Chano, el contrabajo de
Javier Colina y la batería de Guillermo McGill.
- El pianista gaditano
afirma haberla adoptado como "madre musical" ¿qué opina?
-
Todavía no entiendo qué he hecho yo para merecer una dicha semejante y
no tengo manera de devolvérsela equitativamente porque él es quien, más
bien, me ha enseñado a caminar perdiendo el miedo poco a poco, por
una nueva ruta; si no nos separaran tantos años, yo diría que él es mi
padre. Pero bueno, en realidad los hijos son capaces también de darnos
grandes lecciones así que lo adopto con los ojos cerrados.
- ¿Cómo seleccionaron
el material de entre su abundante producción?
-
Escogí yo el material entre algunos clásicos míos que no pueden faltar,
otras canciones que ponen a prueba el genio del músico a la hora de
improvisar o que deseaba escuchar un poco jazzeadas y añadí el tema
¿Hacia dónde? que ya Chano había incluido en su CD IMÁN.
- ¿Se ha sentido
cómoda entre armonías puramente jazzísticas?
- Es que las armonías de mis canciones son puramente jazzísticas y es
por eso que él escogió mi obra para un acercamiento al repertorio de
canciones que me gustaría recalcar que son, como dice él, de la estirpe
de los "standards" americanos; sólo que la poca difusión, en
mi caso, no los ha llevado a esa categoría como sí ha sucedido con
¿Cómo fue?, de
Ernesto Duarte o Debí llorar, de Piloto y Vera, ambos incluidos en el
disco.
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