| ENTREVISTAS | ||
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TATA GÜINES
-El caso es que usted empezó como bajista. - Sí, eso fue por el cuarenta y cinco, hecho un muchachito. Yo nunca he dejado el bajo. Tocaba las tumbadoras pero también el bajo porque en aquella época era muy dura la vida para los músicos y había que hacer de todo. Y además de tocar todo era zapatero, que es mi oficio. - A fin de cuentas son también cueros - (risas) claro, claro. El hermano de mi papá me enseñó a tocar el bajo, lo hizo después de verme golpear un cajón. El bajo pertenece también a la familia de la percusión. Luego le sustituí en varios actuaciones en Güines, mi pueblo, por aquella época yo ni siquiera soñaba con llegar a la Habana (risas). Por el radio nos guiábamos y aprendíamos, no había profesores, no había nada. - Los percusionistas creo que eran los peor pagados de la orquesta. - Todo aquel que tocara percusión en distintos grupos eran "imaginarios" no existían. Tocaban porque la percusión se incorporaba a los grupos, pero nos veían como algo con mal olor... no nos consideraban músicos sino sólo unos tocadores de tambor. Fíjate que los percusionistas viajábamos en lo el guardafango de los carros (risas)... Los músicos dentro y nosotros fuera (risas) - El novelista Miguel Barroso cuenta que en los cincuenta había en la Habana había más de 2000 sitios con música en vivo. - En la época esa había muchísimos sitios donde tocar, todos los sitios tenían un grupo tocando, pero se tocaba por una miseria y había miles de sitios. Yo trabajaba en el Montmartre con Fajardo y hacía dos shows, cuando acababa hacía a las cinco de la mañana otro en La Reja. Había movimiento, ahora también empieza a haber muchos sitios con música en directo de día y de noche. - ¿Qué relación tuvo con Chano Pozo? - Yo conocí a Chano en Cuba, nunca en Estados Unidos porque a él lo mataron en el 48. El nació con fama junto a su amigo Miguelito Valdés en la RHC Cadena Azul, donde tenían un programa con la Orquesta de Bebo Valdés Sabor de Cuba. Miguelito se lo llevó a los Estados Unidos. Yo le conocí en un espectáculo que tenía Miguel Matamoros con muchas bailarinas, ahí lo conocí personalmente. Yo tendría como 14 años. - ¿Y con Beny? - A Beny Moré lo conocí en N. York en el 57, en el Palladium, yo trabajaba con Fajardo y a él lo acompañaba la orquesta de Machito. Buenas noches pasamos de verdad. Siempre fue bárbaro, el bárbaro del ritmo. Lo bautizaron con ese nombre tan lindo porque es verdad que se lo merece. Sin saber una nota musical dirigía su orquesta, hacía los arreglos. También alternamos en el Círculo Cubano de Nueva York. - Usted definió una forma de tocar, muy pegado al cuero y con las uñas... - Todos esos movimientos fueron creados por mi: la forma de colocar la mano en el cuero, la forma de tocar y arañar...Yo me di a la tarea de modernizar las tumbadoras, la tarea de colocar los golpes sueltos en un tema. Porque los golpes sueltos los haces cuando el cuerpo te lo pide, pero con mucho respeto a quien está soleando. Hay que seguir la ritmática para el que está soleando se sienta cómodo con la clave, porque para la música cubana hay que tener la clave. Tocar con las uñas no me costó tanto trabajo (risas) se trataba de sacar un sonido nuevo, se me ocurrió en el Montmartre en un tema que se llamaba "la chancleta", que hacía la clave con una chancleta de palo para que sonara a madera. Luego los hacía yo con las uñas...y donde trabajaba me pedían: ¡Tata uña! (risas) - Usted ha grabado con una sinfónica, ¿Cómo se mezclan las tumbadoras con el rigor de una orquesta? - Depende de la obra, solo puedes entrar bien en obras cubanas, con distintos aires, yo entro en los ritmos cubanos. Hace poco terminé un CD con Silvio Rodríguez también con la sinfónica. - Pero la percusión no es solo un elemento cubano, usted siempre defiende sus posibilidades en cualquier medio. - Hay que tener también mucho conocimiento de tocar todos los géneros. Yo todos los años grabo con un hindú distintos temas, ritmos del India que son muy raros, con tablas, djembés y otras cosas. Trato de entenderlo y me uno a esa ritmática que es muy interesante porque es un género muy diferente. Esa es la tarea que me he dado tocar todos los géneros, hasta el chino toco chuí-chuí (risas) ¡Hay que llevarse el orégano! (risas) ¿Por qué los percusionistas jóvenes no adquieren el renombre que tuvieron ustedes: Patato, Chano, Mongo, Cándido...? - Porque la juventud está en otra cosa. Ellos hoy ya tocan un poquito y piensan que son estrellas y se la saben todas. No piensan en la manera de estudiar todos los géneros como hicimos nosotros. Nosotros lo hacíamos todo, hasta cantábamos para vivir, y eso fue un aprendizaje intensísimo. Las orquestas de los cuarenta y cincuenta fueron enriqueciendo sus formatos y buscando sus timbres particulares, caminabas y sabías por el radio quien estaba tocando. Hoy todo el mundo suena igual, no los distingues ni por los mismos cantantes. - Sin embargo ahora mismo es cuando más se está escuchando la música cubana. - Sí, después de Buena Vista, pero se saltan a los de ahora y se sigue la misma tradición, porque son los cantantes de entonces, Pio Leyva, Puntillita, Omara Portuondo...son cantantes con su sello. Es a lo que se ha acostumbrado Europa, a esa música cubana. Yo me siento muy contento de que pase ésto porque, como yo soy de esa época (risas) participo en muchos conciertos y voy a muchos lugares del mundo, ¡si hasta el danzón ha vuelto a revivir! A nosotros los músicos viejos nos ha aportado mucha felicidad, qué podría decir cuando llegas a un país y te reciben con cariño y respeto. - Hace unos meses le escuché tocar con Herbie Hancock y los Muñequitos de Matanzas ¿qué tal la mezcla? - ¡Ah, eso fue en el festival Caliente en el Teatro Nacional! ¿Estuvo usted allí?... Hombre si te digo la verdad.. yo no sabía lo que se iba a tocar, creo que nadie lo sabía (risas). Yo me sentí bien, tocaba expresando lo que sentía en cada momento, fue una cosa maravillosa de esas que salen de vez en cuando. - Y como se ha incorporado al quinteto de Nardy Castellini - Le costó un poquito de trabajo conseguirme (risas). Él me había hablado tiempos atrás pero estaba la cosa muy complicada, he estado dos meses en Francia, luego a los tres días regresé con Maraca... y al fin me contactó. Este proyecto es para mi una satisfacción porque logramos el sueño de Nardy, al que conocí de niño incluso ya en Matanzas. Es un gran músico y con el tiempo va a ser un talento, con la experiencia que se adquiere con el tiempo los golpes y los tropiezos. Va a dar que hablar. |