ENTREVISTAS                                          

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JERRY GONZÁLEZ

 

A PRIMERA VISTA

 

 

“Yo estaba acostumbrado a la planificación y producción de cada disco, pero el viejo zorro me llevó, afortunadamente, a su terreno: un disco sin ningún ensayo previo, simplemente bajando las luces y pulsar “rec”, empezar una melodía y armar el tema de oído o ponerle al otro un papel delante y: ‘¿probamos ésta?’. Muchos de los temas eran perfectos desconocidos para alguno de los dos. Prácticamente todos son primera (y única) toma, con una frescura y sinceridad nada fáciles de conseguir en un estudio”. Así define el pianista Federico Lechner el proceso de grabación de “A primera vista”, el álbum que publicó a finales del año pasado firmando a medias con Jerry González. “Cuando uno tiene un espíritu musical llega a conocer a la otra persona muy rápidamente a través de una conversación, mucho más que en otra situación. Nosotros no queríamos hacer un disco; nos juntamos, simplemente, como si aquello fuera una reunión de amigos y empezamos a tocar con diferentes combinaciones. Empezamos con el dúo de percusión y de ahí salió una pieza. Luego cambiamos e hicimos otra. Cuando nos quisimos dar cuenta teníamos nueve números y se los presentamos a Trueba”. Así es como cuenta el trompetista la génesis de “Jerry González y los piratas del flamenco”, el álbum recién aparecido en el que el trompetista y percusionista se presenta en comunión con el Niño Josele e Israel Suárez “Piraña”.

Ambos discos, aparecidos en poco más de cuatro meses, son los primeros que Jerry realiza desde que, en 1996, apareciera “Fire dance”, su último trabajo con Fort Apache, la banda que liderara desde principios de los 80. Por aquellos días, este neoyorquino de origen latino apenas era conocido en España más allá del círculo de conocedores que veneran la unión del Caribe con el espíritu del jazz. Pero todo cambió cuando Fernando Trueba le incluyó (no podía ser de otro modo) dentro del reparto estelar de la película “Calle 54”. “Cuando hicimos la gira por España a raíz de la película me impresionó el apoyo de la gente; ni en Nueva York me recibían así. Con ese apoyo, y con el reconocimiento que daban a mi música, no era raro que me quedara aquí. Pensaba estar una semana y me quedé, de golpe, siete meses alojado en casa de buenos amigos. Ahora mismo no pasa nada ni en Nueva York ni en Puerto Rico, que son los otros sitios en los que he vivido. Tengo una gran finca en Puerto Rico que heredé cuando mi mamá murió, pero no creo que sea momento de volver. Lo único que haría sería tocar rumbitas mesa por mesa para terminar ganando cincuenta dólares. Y eso ya lo hice de joven”.

Cuando aterrizó en España, Jerry no tardó mucho en involucrarse dentro del ambiente musical que acompañaba a la gira de “Calle 54”, un evento que, además de congregar a numerosísimo público aficionado, también llamó la atención de un importante colectivo que vio, en aquella forma de expresión, algo mágico a lo que había que acercarse. “En la presentación en Madrid Trueba me presentó al Cigala y a otros amigos suyos. Me dijeron que les había gustado la película y que habían empezado a escuchar mis viejos discos. Algunos días después Javier Limón me sugirió que le acompañara al estudio y allí conocí al Piraña y a Josele. Fue tan fácil como comenzar a tocar”. Flamenco y jazz, jazz y flamenco. Habían vuelto a conectar, y en una situación altamente favorable, con elementos de talento que, tarde o temprano, terminarían haciendo algo juntos.
Y así nació “Jerry González y los piratas del flamenco”, del día a día entre gente que tenía tanta intención de aprender como de enseñar. “En Nueva York no hay flamenco verdadero: todo es para turistas. Cuando llegué aquí quería ver cómo se hacía esa música. Apenas sí conocía de ella el último disco que hizo Camarón con Paco de Lucía y el ‘Sketches in Spain’ de Miles Davis. Me apetecía ver a los nuevos príncipes, que son jóvenes e importantes y nada cerrados para acercarse a cosas nuevas. Luego me enteré de que, dentro del flamenco, hay otra gente más purista que no ve bien este tipo de cosas”, comenta el trompetista, quien, a la pregunta del porqué de su atracción hacia el flamenco, da la respuesta más obvia que alguien puede dar: “Es bello; es música bella. Si tienes oído y escuchas flamenco de corazón (no ese flamenquito que también hay) tienes que recibir algo, y ese algo te cambia totalmente. Lo que más me atrajo fueron sus escalas y acordes, muy adecuados para improvisar en cualquier música; era como el lienzo de un pintor”.

En el álbum que protagonizan Jerry, el Niño Josele y “El Piraña” llaman la atención varias cosas que son las madres directas del resultado obtenido. La fundamental, que es un disco en el que no hay ni bajo ni piano ni batería; sólo guitarras, percusión y trompeta. La voz invitada de Diego “El Cigala” aparece en dos temas y, únicamente en un corte, aparece el contrabajo de Andy, el hermano de Jerry, el cual fue grabado en Nueva York para añadirse posteriormente a la mezcla. “Estábamos nosotros solos, sin ningún otro instrumento a nuestro alrededor. Tocábamos y disfrutábamos; no necesitábamos otra cosa. Teníamos la percusión que ponía el ritmo y la trompeta y las guitarras haciendo las melodías. ¿Para qué más? Muchas veces la función del bajo es la que también hace el tambor”, comenta Jerry, quien incide en el hecho de que, en principio, nadie pensaba en grabar un disco. Y no parece, realmente, que ése fuera el destino final de estas grabaciones, ya que, desde que el trompetista y los Piratas se metieron en el estudio, han pasado dos años en los que estas piezas no han visto la luz.
En este tiempo Jerry ha hecho alguna que otra cosa.

El pasado noviembre aparecía en el mercado “A primera vista”, un disco de piano y trompeta en el que el pianista Federico Lechner se medía de tú a tú con el propio Jerry. “Habíamos hecho un intento de grabar un álbum y, con cierta frecuencia, quedaban espacios vacíos en el estudio. En uno de ellos le pasé a Fede un bolerito que tenía y lo tocamos. Era ‘Siempre junto a ti’, una pieza muy popular de Pepe Delgado que yo tocaba mucho con Fort Apache como balada de jazz. Fue el principio de todo y, después de escuchar el resultado, Fede me propuso grabar más cosas en dúo. Tocamos un par de noches sin ensayar ni preparar nada y así salió el disco”. El resultado tampoco fue una vulgaridad. Más al contrario, “A primera vista” ha sido uno de los tres discos finalistas en la última edición de los Premios de la Música y se ha medido en la elección a “Aigua”, de Carles Benavent, y a “Avec le temps”, el álbum en el que Paloma Berganza y Horacio Icasto ofrecen su particular semblanza jazzie de canciones populares francesas. “No lo esperaba, pero me siento muy orgulloso de ello. Intentamos vender el disco a una compañía y nadie se mostró interesado. Fue Andreas Pritwitz quien finalmente lo publicó en el sello Ingo compartiendo todo entre los tres. De los diez discos que he grabado sólo soy dueño de ése y del primero”. Federico Lechner, pianista argentino que también ha elegido España como lugar de residencia, es de los músicos que en su actividad combina el acercamiento al pop con la pasión por el jazz. Como músico y arreglista ha tenido contacto con gente como Miguel Ríos, Toreros Muertos, Ariel Rot o Javier Krahe entre otros muchos, y, en el mundo del jazz, es un habitual de nuestro circuito con abundante presencia junto a Carlos Carli y Miguel Angel Chastang. “Había convocado a unos amigos para grabar una sesión a cuarteto y, cuando los demás se fueron, rendidos tras muchas horas de grabación y empezando a amanecer, el incansable Jerry me propuso grabar un tema más a dúo para irnos a dormir ‘suavesitos’. El resultado, ‘Siempre junto a ti’, nos cautivó de inmediato, por lo que decidimos juntarnos alguna otra noche para trabajar a dúo”, comentaba Federico en el texto que acompaña a la edición de “A primera vista”.

Jerry, por su parte, tiene una historia algo más prolífica. Comenzó a grabar a finales de los 60 junto a George Benson, Dizzy Gillespie o Houston Person y, a partir del 74, pasó a integrarse en sesiones latinas junto a los hermanos Palmieri. Su particular forma de entender el jazz latino le permitió que, en 1979, Kip Hanrahan le propusiera grabar en solitario y así nació “Yo ya me curé”, una excelente muestra de lo que se puede conseguir cuando los ritmos afrocubanos son abordados por un personaje que conoce tanto la percusión como la trompeta. Posteriormente tuvo contacto con Paquito D’Rivera, a quien acompañó en su debut norteamericano, Tito Puente, Patato y McCoy Tyner, con el que empezó a tocar en el 82, año en que publicó “The river is deep”. Su currículum sigue incrementándose hasta que, en 1988, hace el fabuloso “Rumba para Monk” que le permitió ampliar considerablemente su popularidad. Ese mismo año saldría publicada en el sello Enja “Obatala”, otra magnífica obra suya aunque oscurecida por la anterior. A lo largo de los 90, y siempre acompañado de sus fieles Fort Apache, lanzó “Earthdance” (90) y “Moliendo café” (91) para Sunnyside y otros cuatro discos más para el sello Milestone (“Crossroads” en el 94, “Pensativo” en el 95, un álbum en directo en el 96 y su último “Fire dance” en ese mismo año).

En ninguno de los anteriores aborda Jerry los territorios que maneja con “A primera vista” o “Los piratas del flamenco”. Si en su producción estaba siempre presente el fuego, el ritmo bailable y la trompeta explosiva, en sus dos nuevos discos el trompetista exhibe una capacidad lírica tremendamente emocionante. “Eso prueba que no soy músico de un palo y que puedo tocar en cualquier sitio. Ahora, por ejemplo, estoy colaborando con Andrés Calamaro haciendo unos dúos para una banda sonora. Al principio, cuando le conocí, creía que era un rockero loco, pero ahora le considero un gran poeta y un músico con mucho talento. Nos entendemos cada día mejor y nos hemos acercado mucho”, comenta Jerry, quien, a estas alturas, ya está acostumbrado a no fiarse de la primera impresión que un músico puede generar. Ni cuando la recibe, ni cuando la da. “En uno de los conciertos que hice con Piraña y Josele sus familiares pasaron a los camerinos. Yo ya les parecía bastante raro, pero, cuando vieron la trompeta, pusieron una cara como diciendo: ‘¿Qué hace eso ahí? Este tío es un loco’. Cuando me escucharon se les cambió. En la música, con que te escuchen un poquito, ya te entienden. Les moló”.

Todavía no sabe el neoyorquino cómo funcionará su contratación para este verano, aunque tiene la seguridad de que, con ambos discos en la calle, la cosa no le irá nada mal. Los madrileños tenemos la suerte de poder escucharle con abundante frecuencia en la sala Clamores, lugar que se ha convertido en su segunda casa y en la que se presenta casi siempre con una formación diferente. “Me gustaría hacer más discos, grabar con más frecuencia. Y seguir trabajando. Si tuviera acceso a un estudio podría producir muchísimas cosas. Tengo ideas originales, visiones de cosas imposibles y muchas colaboraciones en la cabeza”, comenta. Entre sus “cosas imposibles”, el trompetista apunta lo que habría disfrutado pudiendo tocar junto a Camarón o Tete Montoliú; entre las factibles nada le hace más ilusión que soñar con que un día podrá grabar con Paco de Lucía. Entre el material de “Los piratas del flamenco” hay una pieza dedicada al guitarrista que surgió de una idea del Niño Josele y, junto a ella, dos versiones “imposibles” que retratan toda la imaginación que surge de este álbum. Una es el “Monk’s soniquete”, del imprescindible Thelonious Monk, y la otra el “Donnali”, de Charlie Parker, del cual el propio Miles reclamó su autoría. “El Paquete ya la había grabado con Jorge Pardo en un aire de bulería. Cuando la escuché yo quise entrarle por otro lado. Ese número yo lo había hecho con Jaco Pastorius y le dábamos un estilo muy diferente”. “Donnali” es abordado en el álbum en guagancó: “Lo que hacían Paquete y Jorge es parecido a lo que yo hago con los ritmos afrocubanos y el jazz. Es, simplemente, un sentir diferente”.

Esteban Pérez
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