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MARTIAL SOLAL
ELLINGTON ERA FAN MÍO
Sus ancianas pero prodigiosas manos repasan las partituras del concierto de hoy apurando el tiempo que la entrevista con los medios tarda en empezar. “Siempre hay millones de detalles que mejorar. Me estaba aprendiendo los deberes”, afirma cerrando la carpeta. El caleidoscópico Martial Solal es el invitado de lujo para el concierto extraordinario en el que el pianista francés acompañará a la Orquesta Ciudad de Granada (esta vez a las órdenes de su director Kantorow) junto a la colaboración del trompetista Thierry Caens (“un clásico extraordinario”, en su opinión). El concierto incluye un homenaje “con mala leche” al ‘Caravan’ de Duke Ellington y Juan Tizol (“Seguramente le gustaría oírlo, Ellington era fan mío; lo reconocerá”, bromea) y dos obras propias, compuestas “con quince años de diferencia”. “En sí no es jazz, es más música contemporánea; pero están hechas desde alguien que entiende el jazz”.
Los dedos de Solal han estado en uno de las escuelas más duras y eficaces del género: actuó durante diez años, todos los días, ininterrumpidamente en el club Saint Germain de París. “Es lo que te da la experiencia. Por dentro sigo siendo el mismo de entonces. Por fuera, obviamente, he cambiado mucho.
Es la escuela perfecta para aprender. De aquella época es de donde me viene la afición a los standards, porque al venir músicos a reunirse en ‘jam sessions’ era lo Único que se podía tocar. Pero hoy es todo un reto interpretar un standard y que dé buena impresión”, afirma. “¿Podremos bailar mañana?”, pregunta uno de los periodistas. “Sí, por favor, háganlo”, responde.
“París sigue siendo una de las cabezas europeas del jazz. Pero ahora hay grandes artistas reconocidos en todos los países. En los años cincuenta y sesenta salían de la capital francesa a los originales que se han conocido fuera, pero siempre hubo
muchísimos más. No se puede decir que hubiera un hilo conductor estilístico entre ellos”, asegura el pianista.
Tocó una vez con Djando Reinhardt antes de que éste se muriera. En la opinión de este amigo de Kantorow, el franco ruso es el director perfecto para el concierto de hoy.
“Le conozco desde hace treinta años”, recuerda. “Lo más difícil es tocar solo. Es un trabajo intelectual. Hacerlo en un trío de pianos es lo más físico, hasta tiene cierto aspecto erótico. Y el trabajo en casa lo dejo para las ‘big bands’. Así, solo para la libertad, trío para el divertimento y orquestas para la sofistificación, aunque siempre meto dosis de jazz, hipócritamente”, explica Solal, que ha explotado todas las facetas con vehemencia. Incluso se ha atrevido con las bandas sonoras (“Es como ser una señorita para todo, pero mejor pagado”) y ha acompañado al piano una película muda (“Una y no más”).
L.A.Y.
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