PAUL STOCKER
PONDRÍA AMSTERDAM EN MOTRIL
Desde California a Granada pasando por Holanda, Francia e Inglaterra. Este ha sido el periplo vital de este músico que hoy dirige su ‘Bug’ Band en el festival de Almuñécar. Un orquesta hecha en Amsterdam pero con personajes de todo el mundo que combina la música de muy alta cualificación con un notable sentido del humor.
- ¿Qué ha encontrado en Granada para quedarse a vivir aquí?
- Yo no he venido a trabajar sino a vivir. Llevo toda la vida viviendo en ciudades muy grandes, estaba un poco harto y Granada me parecía idónea para establecerse por sus medidas y su clima, muy parecido al de California.
- Eso de que no vino a trabajar ¿significa que aquí no hay trabajo para los músicos de jazz?
- No, no lo veo como sitio para desarrollarse. No hay ambiente, no hay apoyos y el panorama es muy limitado. Hace 20 años había un gran circuito de clubes que te permitían vivir en España, pero ya no existe y lo queda es tan pequeño que no pueden permitirse pagar muchos conciertos. Los gastos se han disparado y los clubes no pueden pagarlos, así que todo parece limitarse a los Festivales patrocinados.
- Usted estuvo en el despertar del jazz para una generación española a través de la denominada Onda layetana ¿qué recuerda?
- Que éramos muy jóvenes (risas). Era una época en la que ansiábamos una información que casi no existía. Había algunos monstruos como Tete o Lou Benent, Poindexter… pero nosotros buscábamos como fuese información en las postrimerías del franquismo. Hubo un intercambio de de ideas muy rico entre nosotros, la primera generación de emigrantes de América del Sur, algunos cubanos... y lo poníamos en práctica inmediatamente. Éramos muy inocentes y muy frescos (risas).
- ¿Cómo descubre el flamenco un californiano?
- Yo llevo de forma intermitente casi 35 años por aquí, y un músico honesto toca lo que vive y lo que ve allá donde está. Y aunque cuando yo llegué estaban vigentes los carteles de ‘prohibido el cante’, te interesas y te van metiendo. Recuerdo mi primer concierto en Almería, que íbamos por la calle y nos pitaron unos gitanos con guitarras…total que pasamos todo el fin de semana tocando con ellos en La Chanca. El jazz y el flamenco tiene muchas cosas en común, raíces mixtas y mucha amplitud. Para cualquier músico curioso e interesado en músicas creativas es imprescindible. Yo en casa tengo más discos de flamenco que de jazz.
- Se pude agotar este camino por exceso de tránsito
- Agotarse no creo, lo que ocurre es que muchos jazzistas entienden poco de flamenco, y los flamencos se subestiman, y cuando se juntan se suele optar por la vía barata y no se ahonda más, si rascas por debajo hay un mundo inmenso de posibilidades. Claro que yo prefiero aunque sea ese flamenco barato al pop actual.
- Un músico “toca lo que vive” dice, pero usted está muy atraído por la música africana aunque no ha vivido allí.
- No (risas), pero ese es el fruto de mis años en la diáspora. Siempre he coincidido, sobre todo con músicos sudafricanos, y algunos de Costa de Marfil, una gente guapísima y músicos excepcionales. Durante veinte años hemos estado en el circuito antiapartheid haciendo una música increíble.
- ¿Y la ‘Bug’ band?
- Todo partió del primer músico que conocí en Ámsterdam y me acogió en su barco, a partir de él accedí a todos ellos. Nos conocemos desde hace 20 años, te puedes imaginar que perfectamente, y saben que en mi música permite cualquier descarrilamiento en cualquier momento. Son grandes músicos y cuando compongo para ellos no lo hago para una sección sino para Fulanito o Zutanito, con nombres y apellidos, para que expresen su personalidad individualmente.
- Los arreglos suelen ser buenhunmorados
- Es que los ensayos siempre van en ese tono. En la última gira que hicimos nos reímos muchísimo. Son muy espontáneos y creativos y el humor es esencial tanto en la música como en la vida.
- Ha frecuentado muchas escenas ¿hay diferencia entre la americana y la europea?
- Sí, porque ya casi va desapareciendo eso de escuchar a un saxofonista y saber inmediatamente si es de Chicago o de la Costa Oeste, esa generación está perdiéndose con la unificación de enseñanza. Sin embargo aquí eso sí ocurre y uno sabe si es un músico francés, inglés o español por su carácter y su propia a voz.
- Y de todas las vividas ¿con cuál se queda?
- Me traía Ámsterdam y lo ponía en Motril (risas). Allí hay muchísimos músicos, muy buenos y mucha creatividad. Sólo que… no tienen este sol.
Juan Jesús García