ENTREVISTAS

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RANDY BRECKER

 

A VECES PIENSO: ¿CÓMO PUDE YO GRABAR ESO?

 

 

Randy Brecker es uno de los todoterrenos más sorprendentes de la música del pasado siglo. Comenzó en 1966 formando parte del grupo Blod Sweat & Tears llegando a tocar en sesiones para Janis Joplin y en giras con Steve Wonder, de hecho su nombre figura en centenares de grabaciones de los estilos más variados. Marido de la pianista Elliane Ellias y pareja artística estable con su hermano Michael, Randy es un músico ávido de nuevas experiencias cuyos dos últimos discos son casi opuestos; de ellos habla en esta entrevista antes de tocarlos en el festival Jazz en la Costa de este año.

- En su anterior disco ‘Hanging in the city’ se inventó un curioso personaje que le sirvió de presentador: Ramroid

- Ramroid, mi otro yo, no tiene edad, ni límites, ni se preocupa por ser políticamente correcto. Aparece a medianoche y te lo puedes encontrar en cualquier callejón. El siempre estuvo ahí, pero yo no lo había encontrado.

- Ese disco ¿podemos decir que es su disco más pop?

- De alguna manera sí, el álbum refleja mi versión de lo que está aconteciendo actualmente en la música pop. Se parece a lo que oigo en las radios de cualquier país al que voy. Del mismo modo, presento pensamientos acumulados y trato de amortizar todo el dinero que me he gastado en aparatitos modernos. Ahora voy con el ordenador portátil a todos lados y todo el material de este disco lo he grabado en las habitaciones de los hoteles después de los conciertos.

- ¿Así trabaja ahora?

- Bueno, cuando suelo escribir en casa me centro más en el piano acústico y mi música suele tener otro cariz. Esta, sin embargo, ha surgido más de la soledad de los viajes y los conciertos.

- En general ¿Cuál es su método de trabajo?

- Yo suelo plantearme cada disco como un proyecto global que empiece siempre de cero y que, en lo posible, no se parezca en nada a lo que ya haya hecho. También busco el sentido lúdico del asunto y me gusta divertirme con lo que hago. Algunas cosas de los últimos discos llevaban en mi cabeza casi treinta años y ahora, por fin, he podido ponerlas en disco y escucharlas. Ha sido toda una experiencia.

- Para ‘34th n Lex’ ya no ha necesitado interlocutor

- Sencillamente, no había espacio para el viejo Randroid en este nuevo disco. Había demasiado material de otro tipo que quería grabar. En los últimos tres o cuatro años he girado por todo el mundo con un grupo de músicos más jóvenes y en este proyecto quería añadir invitados especiales, usar músicos con los que no he tocado en estos años. He mezclado a algunos de la generación más mayor con algunos de la más joven y tuve mucha suerte al poder conseguir que Fred, Sanborn, Mike y Ronnie estuvieran todos juntos en el mismo lugar y en el mismo momento.

- ¿Qué ocurre en la dirección que titula el disco?

- La esquina de la 34 y la avenida Lexington es el lugar donde vivo desde hace unos diez años. Esa esquina, para mí, ejemplifica todo lo maravilloso de Nueva York, es una especie de cruce de caminos. Es muy ruidosa, pero ya me he acostumbrado. Me gusta todo ese caso y creo que, de alguna manera, ha influenciado todo lo que he compuesto desde que vivo allí. Siempre estoy rodeado de sonidos urbanos, me guste o no, y eso se filtra en mi música.

- Tras la experiencia más ligera ¿Ha encarado de nuevo el jazz más urbano?

- Es como una especie de resumen de todo lo que había hecho anteriormente, de todos los estilos en los que he tocado. Ahora mismo me resulta difícil valorarlo porque, como aquél que dice, acabo de terminarlo y no dispongo de la neutralidad suficiente para valorarlo. Lo único que puedo decir es que la preproducción me llevó mucho tiempo y energía y que me gusta mucho cómo suena. Es, probablemente, el disco mío en el que el resultado final más se parece a lo que tenía en la cabeza, como un balance de mi carrera musical

- ¿Le ha resultado gratificante preparar a una sección tan amplia?

- Llevo mucho tiempo escribiendo solamente para dos instrumentos de viento. En los años 70 y principios de los 80 hacía muchos arreglos para el productor de pop Arif Mardin, para Atlantic Records, que siempre incluían secciones de vientos más grandes. Compuse muchas partituras para Diana Ross, George Benson y Chaka Khan utilizando cuatro y cinco vientos. Pero llevaba una larga temporada sin hacerlo, así que fue genial involucrarse en todo eso otra vez. Lo más importante para mí de este disco es la satisfacción de haber podido juntar a cuatro de mis mejores amigos que son, además, mis mayores influencias musicales.

- Y ya por último: usted ha sido el prototipo de músico ubicuo y desprejuiciado ¿Cómo ha podio estar en tantos sitos y tan diferentes a la vez?

- (risas) No era nada dramático ni milagroso. Excepto cuando tocaba para amigos, la mayoría de las veces me contrataban dejándome un recado en el contestador. Al día siguiente iba al estudio y no sabía para quién iba a grabar. De hecho, trabajando como músico de sesión para Atlantic, hubo ocasiones en que grabábamos las canciones aun antes de que la compañía hubiera elegido el artista que finalmente iba a poner la voz. Lo cierto es que veo la lista de todas las colaboraciones que he hecho y algunas de ellas me dejan asombrado: ¡Cómo pude yo grabar eso! ¿Cuándo lo hice?' (risas) Es como aquella multitud de álbumes de la época de la disco-music. Eran muy comerciales, pero, por lo menos, contaban con arreglistas que conocían muy bien su trabajo y que sabían cómo utilizar los instrumentos. Últimamente se ha dado la circunstancia de que me encargaban trabajos en los que el arreglista quería el sonido de una trompeta y me planteaba cosas que no se podían tocar con ese instrumento. Hacía falta explicarle lo que era una trompeta y lo que se podía hacer con ella. (risas)

JJG.