Centro
exacto del 'fenómeno Calle 54' que este otoño cruza nuestros escenarios,
a Paquito d´Rivera no le queda nada por demostrar. D'Rivera es toda un
garantía, no de sorpresa sino de excelente jazz, y una jovialidad de las
que le alegran a uno el día, como confiesa el director
Fernando Trueba en la primera frase de la película. Y lo dijo su mentor,
Dizzie Gillespie: Paquito es uno de los pocos músicos capaz de abarcar
las vastas gamas del jazz por un lado y la música latinoamericana por
otro. Y no citó sus conocimientos de clásica.
¿Qué le ha parecido la película de Trueba?
Fernando trabajó con mucho amor en esta película. Ha demostrado un cariño
y un respeto inmenso por los que hacemos esta música y creo que se
refleja perfectamente en ella, logra un ambiente que, en todas las
proyecciones a las que he asistido, la gente aplaude al final de cada número
como si estuviéramos en directo. Sobre todo en las imágenes del
encuentro de Chucho Valdés con su padre Bebo. Eso prueba que no se puede
dividir con consignas lo naturalmente indivisible. (risas)
La película está ya nominada para los premios
europeos de cine ¿Puede ocurrir con 'Calle 54' el mismo fenómeno que con
Buenavista?
De momento están todos de gira por Europa El fenómeno Buenavista es único.
Ni se lo esperaban los que la hicieron, pero la música de Buenavista es más
fácil porque es música de baile y eso llega a más gente. Lo curioso es
que ni Ry Cooder esperaba lo que iba a ocurrir. De 'Calle 54' ha salido un
disco muy bonito y la idea ha sido muy feliz. Lo mío con Trueba es pura
casualidad: que el primer disco de jazz que compró fue mío (risas)
Se
siente cómodo con la denominación de jazz latino
El idioma está para comunicar. Decir jazz latino deja fuera a los
franceses y los italianos, pero ellos no tienen mucho que ver con esto.
Ocurre como lo de 'salsa', que no es más que música cubana actualizada,
pero el término es útil . Peor es lo de música clásica: ¿Cómo se
puede decir música clásica a un concierto de Stravinski? (risas)
Acaba de salir en España su autobiografía y creo
que tiene preparado algo más ¿Se va hacer escritor?
Terminé ya una novela, se llama 'En tus brazos morenos', basada en una
canción de César Portillo de la Luz. A mí me gusta mucho escribir y me
aburro mucho en los aviones (risas). En la escuela ganaba muchos concursos
de redacción, siempre ganaba (risas), y ya desde entonces me apasiona
escribir, hay algo que necesito decir. El libro de memorias no es como
dice Cabrera Infante, una autobiografía; una autobiografía requiere más
rigor y un ego bastante inflado, es más bien un anecdotario, mío y de
cosas que me han contado. Además está escrito de una forma muy jazzística
con improvisaciones, fugas y regresos a la melodía.
¿Qué supuso para usted la grabación de 'Tropicana
Night'?
Ese disco tiene un afecto especial porque yo crecía
a diez cuadras (manzanas) de Tropicana. Mi padre vendía los instrumentos
a la orquesta e íbamos a cobrar a los ensayos. De muchacho toqué con
ellos y Tropicana es mi raíz. Uno de mis maestros fue Romeu, que dirigió
la orquesta durante 25 años. Muchas veces vi a Bebo allí. Quise hacerle
un homenaje al ambiente habanero de aquellos tiempos.
Precisamente en el cuadernillo comentan que había más
de 2.000 sitios con música en directo...
¡Uff...! Yo era niño, pero el desarrollo cultural era tremendo, no por
nada especial, más que nada era porque La Habana era el lugar de paso de
todo el mundo. Y había también un puterío del carajo y eso era buenísimo
(carcajadas).
¿Añora la isla?
Yo no he conocido a nadie que no añore la isla, porque es un sitio
espectacular. Incluso hoy los que van, ven la destrucción de la Habana y
dicen: ¡Carajo, qué ruinas más hermosas!
En el libro hay páginas dedicadas a Tete Montoliú
¿Qué recuerdos tiene del pianista?
Tete fue una cosa tremenda, era un tío muy especial y muy gracioso...
cuando estaba de buenas (risas). Cuando Tete murió le hicimos un
concierto de homenaje en Baleares. A Tete se le recuerda con respeto
porque era un pianista espectacular. Y tiene mucha conexión con Cuba:
cuatro hijos con una mujer de allí.
¿Por
qué terminó con el proyecto Caribean que vino a Almuñécar?
Caribean fue una experiencia muy bonita por que la combinación steel
drums, marimba y clarinete era muy novedosa, pero ya no tenía tiempo, el
grupo tenía cada vez más éxito y cada vez sonaba más el teléfono...y
ya no podía más.
¿Lo mismo le ocurrió con la UNO? ¿Volverá alguna
vez?
Pues algo parecido, tuve que dejarlo porque era demasiado. Pero en
cualquier momento se puede volver a retomar, yo lo hago muy a menudo, como
con un cuarteto de cámara con el que estoy haciendo cosas ahora.
En 'Mi vida saxual' hay un foto con Clinton, ¿Qué
tal toca el saxo?
¡Malísimo, toca mal del carajo! (carcajadas) Pero es bueno tener un
presidente que tenga sensibilidad para la música. (risas)
¿Gore o Bush?
¡Qué despelote se ha montado!... Tremendo... Yo no he votado por
ninguno... ninguno sabe tocar el saxo ( risas). No valen la pena.
¿A qué se debe su afición a la fabada (antes se
llevaba latas de España) y a los coches escarabajo (los colecciona)?
Ya no puedo con la fabada porque engorda mucho (risas). Lo de los
escarabajos creo que fue porque mi padre amenazó con comprarse uno y
ahora yo los colecciono.
Es proverbial su hiperactividad ¿Qué está grabando
ahora?
Se va a reír...He hecho algo en un disco nuevo de Miliki (risas). He
grabado unos arreglos de mi pianista en una canción popular de ustedes
que se llama 'Hola Don Pepito'. No, si ya sabía yo que se iba a reír
(risas) y el que lo lea también (risas)
¿Para cuando Don Francisco?
Ya estoy muy mayor para cambiarme de nombre (carcajadas). Es una cosa muy
cubana, yo soy Paquito desde los diez años y me moriré siendo Paquito.
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