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LLEGA
EL MONSTRUO
BIOGRAFIA
Bona
es un músico nato, de origen camerunés (Minta, 1967), que ya de niño
cantaba en el coro de la iglesia y aprendía a tocar guitarra, flauta y
percusión, siguiendo la tradición familiar de su abuelo, un afamado
percusionista, y de su madre, cantante. Su destino musical cambió en 1980
cuando el propietario francés de un club local de jazz le propuso formar
una banda. No tenía ni idea de lo que era el jazz, pero con una colección
prestada de discos y muchos ensayos, comenzó a causar sensación en la
ciudad.
Con
veinte años se traslada a París para estudiar composición e
incorporarse a los grupos de Salif Keita y Manu Dibango, mientras
escuchaba la música de Miles Davis, Chet Baker y Ben Webster y tocaba en
los clubes de jazz de la ciudad. Tras siete años de estancia en la
capital francesa llega a Nueva York en 1995 para trabajar con músicos tan
diversos como Paul Simon, Chucho Valdés, Harry Connick Jr., Larry Coryell,
Pat Metheny, Herbie Hancock, Branford Marsalis o Bobby McFerrin,
reclamando su colaboración como instrumentista, compositor o cantante.
Sus
dos primeros discos: Scenes From My Life (1999) y Reverence (2000)
para el sello discográfico Columbia-Sony, han llegado a los primeros
puestos de las listas de música y recogido las mejores críticas
especializadas; que le han situado en la vanguardia jazzística del
momento, destacando su versatilidad como compositor, poderoso bajista o
flexible vocalista. Con un registro que va desde el jazz a la música de
raíz, acompañado por una excelente sonoridad de una banda interracial de
Africa, América y Europa, Bona construye un universo sonoro donde se
funden todos los géneros, para generar una música llena de pasión e
intensidad que traspasa fronteras.
DISCOGRAFIA

Reverence
Scenes from my life
ENTREVISTA
Pocas
veces hay tanta unanimidad en la crítica y en el los músicos sobre un
recién llegado, y son varios los reportajes encabezados con el término
"monstruo" para referirse a las actuaciones de este joven
camerunés ante el que se han rendido las estrellas más rutilantes del
jazz contemporáneo americano. Gente que como Pat Metheny, Joe Zawinul,
Larry Corryel, Michael Brecker, Los Marsalis o Hancock e incluso de otras
músicas como es el caso de Salif Keita, Dibango o Johnny Mitchell...
literalmente se han dado de tortas para tocar con él. Con tan solo dos
discos en el mercado la prensa ha sentenciado que es el único músico del
mundo que puede ocupar el sitio dejado por Jaco Pastorius, si bien Bona no
es sólo un técnico soberbio sino también uno de los pocos músicos que
desde Africa ha hecho el viaje de vuelta a las fuentes para el jazz. Mañana
domingo estará actuando en Granada.
-
Su segundo disco es `Reverence´, casi un disco colectivo, ¿Por qué
Reverencia?
-
Es un disco con multitud de amigos e invitados, Meteheny, Brecker...y lo
he hecho con el arreglista Gil Goldstein, el productor mimado por Gil
Evans. Reverencia es un saludo agradecido, es una forma de saludar y
agradecer esas pequeñas historias felices que nos ocurren todos los días.
Por ejemplo agradecer a la tierra el aguante que tiene con todo nuestro
maltrato
-
¿Tiene un mensaje ecologista?
-
No solo ecologista, también muy humano: yo pido a la gente que se
comunique, que hablen entre ellos; en este mundo loco se coge un fusil
antes de conversar sobre un problema.
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En `Escenas de mi vida´ acudió a la música africana como referencia, en
Reverence regresa de nuevo a los ritmos centroafricanos?
-
Yo siempre me inspiro en las músicas tradicionales, son mis raíces, y en
todo caso las enriquezco con mis experiencias y con lo que voy aprendiendo
continuamente.
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Le comparan con Jaco Pastorius ¿Qué sintió al ocupar su sitio al lado
de Zawinul?
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De Jaco me ha gustado mucho la emoción con la que exprimía su bajo, y
esa forma de estar adelante todo el tiempo. Tocar con Zawinul y grabar dos
discos con él ha sido una de las mayores experiencias de mi vida, el año
pasado hicimos un concierto a dúo en San Francisco que fue precioso.
-
Normalmente usted canta y es uno de sus grandes atractivos, sobre todo
para los amantes de las músicas étnicas, pero tengo entendido que va a
dejarlo de hacer.
-
Efectivamente, es como si hubiese terminado un ciclo y me apetece
dedicarme a la música instrumental, que es más abierta que la cantada.
Tengo infinidad de cosas en la cabeza y me gustaría poder hacer algunas
de ellas con mayor libertad.
CRITICA
CONCIERTO
Le
llaman el "Monstruo" en varios idiomas. Y Richard Bona llegó a
Granada a explicar detenidamente el por qué. Este bajista camerunés ha
roto la pana en varios frentes, el del jazz, el del rock y el de las músicas
del mundo. Se cuenta de él que dejó plantado a Eric Clapton porque tenía
que grabar su segundo disco y que tiene en su agenda los mejores músicos
del mundo dispuestos a lo que quiera. No es te extrañar entonces su alegría
ante la vida que le sonríe a carcajadas y su buen humor.
A
los cinco minutos de concierto, con una interpretación espeluznante tan
solo a bajo de seis cuerdas, una imperceptible colchoneta de sintetizador
y voz (¡qué voz!) quedo claro que estábamos ante un músico
superdotado. A partir de entonces tan solo se limitó a ir descubriendo
nuevas facetas de su poliédrica visión musical del mundo sin demasiados
alardes de la técnica de la que va sobrado y le ha granjeado tan
monstruoso sobrenombre. Pero los monstruos no son individuos solitarios
sino que viajan en manada, y en el escenario del festival de Jazz
estuvieron varios de procedencia tan diversa como Israel, Surinam, Estados
Unidos, Brasil o su Camerún.
Con
semejante cualificación técnica la música es un juguete para este joven
artista cuyo nombre empieza a ser popular más allá de los círculos
especializados. Él mismo no paró de hacer bromas sobre su situación en
el mercado, la venta de sus discos y el paralelismo con Jaco Pastorius con
una vis cómica relajada y contagiosa, tanto que a veces interrumpía su
canto para desternillarse de risa. Como cantante e improvisador en su
lenguaje materno, el douala, su voz se estira y encoje, domina los
falsetes y la espesa hasta donde quiere compitiendo con las notas más
bajas de su instrumento. Siempre intentando lograr conmocionar al oyente;
en las piezas como Eyala, Eyando o Dipita nos devuelvió la tensión y la
alegría de los cantos tribales del cuerno africano. Puntos de partida,
que pueden nacer en la festividad de la Sanza, miniteclado de lenguetas,
para estallar con todo el poderío del jazz rock más eléctrico minutos
después. Y en este segundo plano ya integrarse en el sonido sobrado de
sus valedores Zawinul ( puro Weather Report) o Pat Metheny, con toda la
banda desbocada y un sonido apabullante. Entre broma y broma, sacando el
bajo de cuatro cuerdas y sin trastes emuló a su modelo Pastorius con su
sonido vertiginoso y gomoso, haciéndole un tributo oficial al interpretar
Teen Town del asesinado revolucionador del instrumento.
Y
lo más sorprendente de este pujante músico es que interpretaciones de
altísima cualificación técnica eran casi chistes para él y su grupo,
relajado y propenso a la broma como parte de la comunicación con el público.
Gran parte de los cuales eran músicos ( muchos bajistas) que no se querían
perder su presencia en Granada. Pero si a estos los deslumbró, al
respetable menos iniciado los regaló un par de horas distendidas,
emotivas y hasta divertidas, como si tal cosa no fuera complicada.
Ciertamente es un músico prodigioso y también un gran entretenedor. No
me olviden, "me llamo Richard Bona", dijo. Si se lo vuelven a
encontrar no se lo pierdan, es un monstruo y sabe compartir la música y
la risa, pasarán un rato muy agradable. |