RICHARD BONA

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LLEGA EL MONSTRUO

 

 

BIOGRAFIA

 

Bona es un músico nato, de origen camerunés (Minta, 1967), que ya de niño cantaba en el coro de la iglesia y aprendía a tocar guitarra, flauta y percusión, siguiendo la tradición familiar de su abuelo, un afamado percusionista, y de su madre, cantante. Su destino musical cambió en 1980 cuando el propietario francés de un club local de jazz le propuso formar una banda. No tenía ni idea de lo que era el jazz, pero con una colección prestada de discos y muchos ensayos, comenzó a causar sensación en la ciudad.

Con veinte años se traslada a París para estudiar composición e incorporarse a los grupos de Salif Keita y Manu Dibango, mientras escuchaba la música de Miles Davis, Chet Baker y Ben Webster y tocaba en los clubes de jazz de la ciudad. Tras siete años de estancia en la capital francesa llega a Nueva York en 1995 para trabajar con músicos tan diversos como Paul Simon, Chucho Valdés, Harry Connick Jr., Larry Coryell, Pat Metheny, Herbie Hancock, Branford Marsalis o Bobby McFerrin, reclamando su colaboración como instrumentista, compositor o cantante.

Sus dos primeros discos: Scenes From My Life (1999) y Reverence (2000) para el sello discográfico Columbia-Sony, han llegado a los primeros puestos de las listas de música y recogido las mejores críticas especializadas; que le han situado en la vanguardia jazzística del momento, destacando su versatilidad como compositor, poderoso bajista o flexible vocalista. Con un registro que va desde el jazz a la música de raíz, acompañado por una excelente sonoridad de una banda interracial de Africa, América y Europa, Bona construye un universo sonoro donde se funden todos los géneros, para generar una música llena de pasión e intensidad que traspasa fronteras.

 

 

 

DISCOGRAFIA

 

                          

                                            Reverence                               Scenes from my life

 

 

 

ENTREVISTA

 

Pocas veces hay tanta unanimidad en la crítica y en el los músicos sobre un recién llegado, y son varios los reportajes encabezados con el término "monstruo" para referirse a las actuaciones de este joven camerunés ante el que se han rendido las estrellas más rutilantes del jazz contemporáneo americano. Gente que como Pat Metheny, Joe Zawinul, Larry Corryel, Michael Brecker, Los Marsalis o Hancock e incluso de otras músicas como es el caso de Salif Keita, Dibango o Johnny Mitchell... literalmente se han dado de tortas para tocar con él. Con tan solo dos discos en el mercado la prensa ha sentenciado que es el único músico del mundo que puede ocupar el sitio dejado por Jaco Pastorius, si bien Bona no es sólo un técnico soberbio sino también uno de los pocos músicos que desde Africa ha hecho el viaje de vuelta a las fuentes para el jazz. Mañana domingo estará actuando en Granada.

- Su segundo disco es `Reverence´, casi un disco colectivo, ¿Por qué Reverencia?

- Es un disco con multitud de amigos e invitados, Meteheny, Brecker...y lo he hecho con el arreglista Gil Goldstein, el productor mimado por Gil Evans. Reverencia es un saludo agradecido, es una forma de saludar y agradecer esas pequeñas historias felices que nos ocurren todos los días. Por ejemplo agradecer a la tierra el aguante que tiene con todo nuestro maltrato

- ¿Tiene un mensaje ecologista?

- No solo ecologista, también muy humano: yo pido a la gente que se comunique, que hablen entre ellos; en este mundo loco se coge un fusil antes de conversar sobre un problema.

- En `Escenas de mi vida´ acudió a la música africana como referencia, en Reverence regresa de nuevo a los ritmos centroafricanos?

- Yo siempre me inspiro en las músicas tradicionales, son mis raíces, y en todo caso las enriquezco con mis experiencias y con lo que voy aprendiendo continuamente.

- Le comparan con Jaco Pastorius ¿Qué sintió al ocupar su sitio al lado de Zawinul?

- De Jaco me ha gustado mucho la emoción con la que exprimía su bajo, y esa forma de estar adelante todo el tiempo. Tocar con Zawinul y grabar dos discos con él ha sido una de las mayores experiencias de mi vida, el año pasado hicimos un concierto a dúo en San Francisco que fue precioso.

- Normalmente usted canta y es uno de sus grandes atractivos, sobre todo para los amantes de las músicas étnicas, pero tengo entendido que va a dejarlo de hacer.

- Efectivamente, es como si hubiese terminado un ciclo y me apetece dedicarme a la música instrumental, que es más abierta que la cantada. Tengo infinidad de cosas en la cabeza y me gustaría poder hacer algunas de ellas con mayor libertad.

 

CRITICA CONCIERTO

 

Le llaman el "Monstruo" en varios idiomas. Y Richard Bona llegó a Granada a explicar detenidamente el por qué. Este bajista camerunés ha roto la pana en varios frentes, el del jazz, el del rock y el de las músicas del mundo. Se cuenta de él que dejó plantado a Eric Clapton porque tenía que grabar su segundo disco y que tiene en su agenda los mejores músicos del mundo dispuestos a lo que quiera. No es te extrañar entonces su alegría ante la vida que le sonríe a carcajadas y su buen humor.

A los cinco minutos de concierto, con una interpretación espeluznante tan solo a bajo de seis cuerdas, una imperceptible colchoneta de sintetizador y voz (¡qué voz!) quedo claro que estábamos ante un músico superdotado. A partir de entonces tan solo se limitó a ir descubriendo nuevas facetas de su poliédrica visión musical del mundo sin demasiados alardes de la técnica de la que va sobrado y le ha granjeado tan monstruoso sobrenombre. Pero los monstruos no son individuos solitarios sino que viajan en manada, y en el escenario del festival de Jazz estuvieron varios de procedencia tan diversa como Israel, Surinam, Estados Unidos, Brasil o su Camerún.

Con semejante cualificación técnica la música es un juguete para este joven artista cuyo nombre empieza a ser popular más allá de los círculos especializados. Él mismo no paró de hacer bromas sobre su situación en el mercado, la venta de sus discos y el paralelismo con Jaco Pastorius con una vis cómica relajada y contagiosa, tanto que a veces interrumpía su canto para desternillarse de risa. Como cantante e improvisador en su lenguaje materno, el douala, su voz se estira y encoje, domina los falsetes y la espesa hasta donde quiere compitiendo con las notas más bajas de su instrumento. Siempre intentando lograr conmocionar al oyente; en las piezas como Eyala, Eyando o Dipita nos devuelvió la tensión y la alegría de los cantos tribales del cuerno africano. Puntos de partida, que pueden nacer en la festividad de la Sanza, miniteclado de lenguetas, para estallar con todo el poderío del jazz rock más eléctrico minutos después. Y en este segundo plano ya integrarse en el sonido sobrado de sus valedores Zawinul ( puro Weather Report) o Pat Metheny, con toda la banda desbocada y un sonido apabullante. Entre broma y broma, sacando el bajo de cuatro cuerdas y sin trastes emuló a su modelo Pastorius con su sonido vertiginoso y gomoso, haciéndole un tributo oficial al interpretar Teen Town del asesinado revolucionador del instrumento.

Y lo más sorprendente de este pujante músico es que interpretaciones de altísima cualificación técnica eran casi chistes para él y su grupo, relajado y propenso a la broma como parte de la comunicación con el público. Gran parte de los cuales eran músicos ( muchos bajistas) que no se querían perder su presencia en Granada. Pero si a estos los deslumbró, al respetable menos iniciado los regaló un par de horas distendidas, emotivas y hasta divertidas, como si tal cosa no fuera complicada. Ciertamente es un músico prodigioso y también un gran entretenedor. No me olviden, "me llamo Richard Bona", dijo. Si se lo vuelven a encontrar no se lo pierdan, es un monstruo y sabe compartir la música y la risa, pasarán un rato muy agradable.