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BLUES

 

 

Le preguntaban a Wim Wenders, flamante presidente del Jurado del Festival de Cine de San Sebastián, que en qué andaba trabajando últimamente. Y cuál fue mi sorpresa al escuchar que estaba inmerso en la preparación, junto a Martin Scorsese, de una historia del blues. Efectivamente recordé que hace unos
meses el director italoamericano dejó caer que su siguiente proyecto, tras "The gangs of New York", era un documental que se llamaría algo así como "Africa - America: A blues story".

De un tiempo a esta parte, el cine músico - documental está despertando, en público y crítica, una importante interés. Ya en 1976 el propio Scorsese filmó el concierto de despedida que dio en San Francisco, acompañado de innumerables amigos (Bob Dylan, Neil Diamond, Neil Young, Joni Mitchell o
Eric Clapton), el mítico grupo The Band. Le añadió luego entrevistas con miembros del grupo, imágenes documentales e incluso tomas caseras de Súper 8 para conseguir una película, "El último vals", que es un excelente retrato de toda una época. Un documento que hoy no ha perdido vigencia alguna. Y hace menos tiempo, Wim Wenders rodó "Buena Vista Social Club", otro esplendoroso documental sobre la música cubana.

Hay gente a la que estas supuestas ingerencias del cine y todo lo que le acompaña en el mundo de la música le parece una especie de contaminación o de enrarecimiento con los que no terminan de comulgar. Sin embargo, los que pensamos que el arte, la creatividad y el genio no admiten división entre géneros o disciplinas, cuando se anuncian proyectos como esta historia del blues, somos felices. Y los músicos... bueno, que les pregunten a los cubanos que filmó Wenders o a los latin jazzers que trabajaron con Trueba en esa otra maravilla del género, "Calle 54", qué piensan de estas iniciativas, que acercan al gran público unos maravillosos géneros musicales que, para desgracia de los no iniciados, están ocultos y fuera de su alcance, esperando que alguien con capacidad, talento y poder los saque a la luz.

Quizá el blues sea un género menos minoritario, más conocido que el son cubano o el latin jazz. Pero reparemos de nuevo en el nombre del proyecto: "Africa - America: A blues story". La enciclopedia Larousse define al blues como "canción del folklore negro americano... aparecido en E.U.A. en la primera mitad del siglo XIX, su época de mayor florecimiento se sitúa entre 1910 y 1930". Quizá nos suenen nombres como Robert Johnson, B.B. King, Aretha Franklin, Billie Holliday o los propios Blues Brothers. Perfecto. Esa es la parte americana de la historia. Pero ¿dónde está la africana? Como en tantas y tantas ocasiones a lo largo de la historia, a Africa se le niega el pan y la sal. Se la ningunea, se la ignora, se la desprecia. Porque Africa es el origen, la raíz, el comienzo del blues, con aquéllas canciones que los esclavos secuestrados de Africa entonan mientras trabajan de sol a sol para mitigar el dolor de su vida destrozada. Pero no sólo es el pasado. Nombres como los de Salif Keita, Toumani Diabaté, Oumou Sangaré o Rokia Traoré viven, graban discos y cantan hoy día. El segundo, por ejemplo, ha grabado un disco con el famoso grupo español Ketama. ¿Lo conoce alguien? Si tienen que venir dos directores de cine como Wenders o Scorsese a contarnos su historia y, de paso, sacarlos de un injusto anonimato, bienvenidos sean.

Por cierto que sólo el nombre del proyecto es ya muy sugerente. No sé si lo terminarán manteniendo o no. Pero, teniendo en cuenta que la palabra blue viene a ser algo así como "canción triste y melancólica", el título de "Africa - America: A blues story" tiene unas connotaciones que exceden lo puramente musical. Para abrir boca, escuchad un disco prodigioso, enorme, maravilloso, que reúne a dos guitarristas en estado de gracia: Alí Farka Touré, maliense y Ry Cooder, estadounidense. Una obra de arte que no debe faltar en cualquier discoteca que se precie.

Jesús Carlos Lens Espinosa de los Monteros.