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MORNAS Y COLADERAS

 

 

Se acaba de editar en nuestro país "Anthlogie", un doble compacto que reune las mejores canciones de la caboverdiana Cesarea Evora. "Su voz sincera, melodiosa, aterciopelada, bien modulada, no permite la indiferencia. Por fin escuchamos un alma que no sólo se cree lo que está cantando sino que derrocha generosidad y jamás engaña, haciéndonos partícipes de su sentimiento". El texto de Jordi Esteva no es palabrería hueca. Nacida en el paupérrimo Cabo Verde colonizado por Portugal, Cizé pasó su juventud cantando para los marinos, turistas y soldados que arribaban a las islas.

Tras la independencia llegaron los tiempos duros. No le pagaban en los bares de los puertos así que durante diez años dejó de cantar y sobrevivió prácticamente en la miseria, cargada de hijos y abandonada por los tres hombres de su vida. En 1985 la Asociaicón de Mujeres de Cabo Verde la invita a grabar un disco en Lisboa. Cargada de ilusión llega a Portugal y en el país del fado, Cizé se convierte en la reina. Sus mornas y coladeras se abren paso en el corazón, primero de los portugueses, luego de los brasileños, por fin, de todos los europeos. Hoy día se la aclama como una reina allá por donde actúa.

El primer disco de la antología que ahora presenta contiene quince mornas. "Lo único que sé es que la morna me aprisionó y ya no supe nada más. Canto al amor. Revivo lo que sentí en el pasado. Siempre he cantado así. Las alegrías, las penas. Quizá porque he sufrido más que otros se aprecian tanto mis mornas". El segundo trae diecisiete coladeras, entre ellas las famosas "Sodade", "Angola" o "Carnaval de Sao Vicente", vibrantes y animadas. En total más de dos horas de sensibilidad a flor de piel, de pura belleza, de melancolía, de amores perdidos y de nostalgia interpretadas por quien es una de las divas más queridas y famosas del mundo y una de las voces más cautivadoras que hoy se pueden escuchar.

Pero si escuchar su música en un buen equipo de música es un placer, donde Cizé deslumbra a todo aquel que tiene la suerte de verla y escucharla, es sobre un escenario. A media luz y con el fiel apoyo y complicidad de sus músicos, la magnética presencia de Cesarea hipnotiza al espectador que cae rendidamente hechizado antes sus pies descalzos. Desgrana sus canciones relajadamente, sin alardes ni afectaciones de cara a la galería. A mitad del concierto se fuma tranquilamente un cigarrillo mientras bromea con los músicos o con los espectadores de las primeras filas. O bebe un trago de ron. Y vuelve a deleitar al auditorio con sus tiernas y preciosas mornas. No en vano el mejor y más afamado compositor de estas piezas, Xavier Francisco da Cruz, era más conocido por B. Leza, o sea, BELLEZA.

Hace ya diez años que nuestra diva, a quien se ha bautizado sucesivamente como la nueva Edith Piaf, la Billie Holliday africana o la Amalia Rodrigues del Sur, pronosticaba lo siguiente: "Pronto, en algún lugar del planeta alejado de la voracidad del marketing surgirá tal vez otra cantante que nos remueva las entrañas y a quien llamaremos la nueva Cesarea Evora." Se equivocó. Hemos cambiado de siglo y nadie ha sido capaz de mover a Cizé del trono desde el que, por derecho propio, lleva reinando durante casi dos décadas. Porque, si bien varias divas africanas van dejando oír su voz en este mundo cada vez más globalizado, ninguna ha conseguido todavía que se nos remuevan las entrañas con la fuerza, la pasión y la intensidad que transmite la Madonna de Cabo Verde.

Jesús Carlos Lens Espinosa de los Monteros.